¿Por qué la fruta ya no sabe a nada?

La OCU probó 350 kilos de fruta y sólo encontró el 5% de las piezas sabrosas

Los frutos se recogen verdes para que se mantengan más tiempo en buen estado

Aurora Muñoz

Si la madrastra de Blancanieves se paseara por los pasillos de la fruteria de un supermercado de la gran ciudad, no dudaría en escoger su manzana-gancho de uno de esos montones repletos de piezas brillantes, bien proporcionadas, casi idénticas y con apariencia encerada. En ese caso, la pobre princesa del cuento acompañaría su mordisco envenenado con un “¡puag!” asqueado. La mayoría de esas frutas de exposición casi no tienen sabor.

Hace un año, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó un estudio sobre productos frescos consumidos en España para analizar por qué desciende el uso de estos alimentos en la dieta diaria de las familias. El consumo de productos hortofrutícolas descendió en el país hasta un 9% durante el primer mes de 2011, en relación al mismo período del año anterior. Destaca la bajada del 11% registrada en el consumo de frutas, lo que se traduce en 370,6 millones de kilos menos. Esto supone una reducción del gasto cercana al 13%, según los datos del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, procesados por la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas (FEPEX). Desde esta entidad atribuyen esta caída refleja que la dureza de la crisis, pero la OCU ha querido ir más allá y ha entrado a analizar la calidad del género que se distribuye en los supermercados.

Sus analistas visitaron 54 mercados municipales, supermercados e hipermercados repartidos por Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia. “Observamos la accesibilidad al comercio, la atención del vendedor, la disposición del producto, su apariencia y su etiquetado”, explican. En cada uno de los establecimientos compraron un kilo de naranjas de mesa, de manzanas Golden, de peras Conferencia, de plátanos de Canarias, tomates tipo Daniela y una lechuga romana. En total, adquirieron 350 kilos de frutas y hortalizas. Después, analizaron sus defectos en el laboratorio y organizaron una cata. “Sólo apreciamos un sabor intenso en cinco de cada 100 piezas seleccionadas. Y lo que es peor: una de cada cuatro frutas de la selección tenían defectos de sabor y textura: bien porque están verdes, porque la pulpa es arenosa o porque el gusto es raro, cuando no nulo. Esto último sucede, sobre todo, con los tomates y las peras que hemos analizado”, detallan.

La Organización Nacional de Agricultura y de Investigación Alimentaria de Japón expone que el calentamiento global ha modificado las manzanas

Sin embargo, el tomate jugosito sigue existiendo. Eso sí, hay que irse a la huerta. “Acabo de visitar el mercado de la ciudad de Tudela y el tomate feo de allí no es precisamente el top model de su género, pero tiene una carne riquísima y una textura firme, ideal para comer en rodajas o en ensalada con atún y cebolla fresca”, comenta Carmen Barbudo, asesora nutricional de Equilibratta. “Ese tipo de productos de pata negra están disponibles, pero sólo puedes tomarlos en temporada. Hay vegetales muy interesantes todo el año a precios asequibles que debemos aprovechar en su tiempo y aprender a conservarlos como hacían nuestras abuelas en épocas escasas”, recomienda. El consejo de Barbudo es que reduzcamos la cesta de la compra para aprovechar bien los recursos y evitemos los envasados. “Si dispones de fruterías cerca de casa utiliza tu capazo y disfruta eligiendo lo más fresco”, dice en invitación a los lectores.

Un informe de la Organización Nacional de Agricultura y de Investigación Alimentaria de Japón (NARO, por sus siglas en inglés), publicado en la revista especializada Scientific Reports, expone que el calentamiento global ha registrado modificaciones en los atributos de las manzanas. Tras realizar una comparativa mediante ensayos de cultivo de esta fruta  en dos huertos japoneses, entre 1970 y la actualidad, se observa que las últimas son menos ácidas y firmes. El corazón de las manzanas se ha hecho más acuoso.

El autor principal del estudio, Toshihiko Sugiura, afirma que estos cambios son el resultado de una floración más temprana y de temperaturas altas durante el período de maduración. Sin embargo, Alfonso Carrascosa, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y experto en Seguridad Alimentaria, pone en duda que la clave esté en la subida progresiva de las temperaturas. El cambio climático no es un factor decisivo. Puede influir, pero estaría en el último lugar de la lista de condicionantes. Sólo afecta al momento de maduración y eso se soluciona cosechando antes la fruta”, resuelve.

Este experto en biotecnología de alimentos considera que el crecimiento demográfico de las ciudades juega un papel importante en la pérdida de calidad de los alimentos que consumimos a diario. “La aparición de las grandes urbes en la segunda mitad del siglo XX ha traído aparejado el desplazamiento de masas de población desarraigadas del campo que necesitan comer. Con el tiempo, además, esas personas se han acostumbrado a reclamar un mismo tipo de fruta durante todo el año y eso conlleva un problema para distribuir los alimentos”, introduce.

Carrascosa explica que el traslado de la fruta requiere además unas condiciones de seguridad muy determinadas. “Las piezas deben permanecer inalteradas durante el máximo tiempo posible. Nos interesa más proteger nuestra salud que comer rico”, reconoce. “El sabor óptimo de una pieza corresponde a un estado adecuado de maduración y, a menudo, se vende verde para que dure más. Hay frutas con un amplio margen de maduración, que pueden seguir evolucionando después de ser recogidas. Después, las meten en cámaras frigoríficas para detener el proceso y sólo continúan su desarrollo cuando salen de ahí, camino de los supermercados”, detalla.

Antes, un frutal podía producir 80 kilos de fruta, mientras que en la actualidad ese mismo árbol puede producir casi 200 kilos de fruta más grande y perfectas gracias a la selección genética de las semillas, el abono y el control del agua. Esta desnaturalización del proceso favorece la productividad, pero tienen consecuencias que no pasan desapercibidas para el paladar. No sólo eso. La Sociedad Española de Agricultura Biológica asegura que las naranjas que se cultivan y recogen de esta manera tienen hasta un 10% menos de vitaminas. “Hay cierta controversia entre si los productos que venden los supermercados y los que se producen de forma ecológica tienen una gran distinción de sabor y textura. En realidad, en la mayoría de los casos no es así. El hecho de aplicar productos fitosanitarios no produce una alteración del sabor. La diferencia radica en la selección genética de semillas. España acepta la utilización, liberación y comercialización de los productos transgénicos, que actualmente está más enfocada a alimentos o productos industriales, y se usa en maíz, soja, algodón y colza. Por lo tanto, no se puede decir que la falta de calidad en hortalizas o verduras hoy en día se justifique por ese motivo”, advierten desde Agromática, una plataforma de ingenieros agrónomos.

“Los cruces entre distintas variedades son frecuentes. El objetivo es conseguir una fruta grande, turgente, resistente a plagas y enfermedades, dura para aguantar el trasiego de la recolección y sencilla de cultivar. Entre esa selección genética, es inevitable que se pierdan genes que están relacionados con el sabor o la textura, mientras se potencian otros como el tamaño o la firmeza, la facilidad en la recolección”, determina este colectivo. “Se trata de un proceso de muchos años donde, al final, se premia lo que entra por el ojo más que el sabor. Eso de que ‘la fruta que cultivaba mi abuelo sabía mucho mejor’ es verdad, pero hay que tener en cuenta que sus manzanas daban una mala producción, tenían formas raras, se conservaba peor y duraba menos tiempo en el frigorífico. En cambio, su sabor era increíble”, concluyen. Es el consumidor el que tiene que elegir. La industria hortofrutícola libra su propia batalla para alcanzar un equilibrio entre el la apariencia y la calidad.

Fuente: http://www.zoomnews.es/99620/actualidad/sociedad/que-fruta-del-supermercado-no-sabe-nada

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