La OMS reclama partos con menos cesáreas

La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar el 15%

En España, de cada cuatro partos uno es por cesárea

Aurora Muñoz

Las cesáreas salvan vidas. En muchas ocasiones, esta operación obstétrica es la única alternativa para que el bebé y la madre salgan indemnes del parto. Si la mujer que tiene que dar a luz sufre alguna alteración que impide físicamente la salida del niño por el canal del parto, hay sufrimiento fetal, placenta previa o desproporción cefalopélvica, no hay discusión. El médico indicará esta intervención que consiste en realizar una abertura en la pared abdominal y el útero a la madre. El debate surge cuando la embarazada, voluntariamente, opta por programarla.


Aunque, a priori, dar a luz es algo inherente a los mamíferos, muchas mujeres temen ese momento. El tratamiento mediático no ayuda. Las noticias que alertan sobre una atención al parto excesivamente agresiva e intervencionista y el ejemplo de algunas celebrities animan a las parturientas a infravalorar los riesgos de esta cirugía mayor, entre los que se incluyen una reacción adversa a la anestesia, sangrado interno, coágulos de sangre, lesión de órganos abdominales e infección uterina, de los riñones o la vejiga.

“En Europa hay una raya. De la mitad para abajo, la cifra de cesáreas es altísima. Eso tiene mucho que ver con la cultura”, advierte Manuel Fillol, secretario de la Sección de Suelo Pélvico de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). “La nuestra conlleva una sobreutilización de los servicios de Urgencias y una hipertrofia de los controles. Por mucho que le digas a una mujer que todas las sociedades científicas indican que con tres ecografías es suficiente, ella demandará más”, señala. Ese bíblico “parirás con dolor” se ha grabado a fuego en el imaginario de muchas embarazadas y el miedo les acompaña durante toda la gestación. “Las cifras de cesáreas electivas no bajarán hasta que no haya una mayor conciencia crítica y se priorice una medicina basada en las evidencias científicas por encima del negocio”, concluye este especialista.

Las cifras no concuerdan

En intervalo entre 1996 y 2009, uno de cada cuatro partos en España era por cesárea, según los datos de los Indicadores Clave del Sistema Nacional de Salud (INCLASNS–BD). Esta estadística, que se elabora por consenso entre las administraciones representadas en el Consejo Interterritorial del SNS, contrasta con las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), donde se registra un descenso de ocho puntos en 2008 y 2009.
Si éstas últimas reflejasen la realidad de los paritorios, España se encontraría entre los países mejor posicionados con respecto a este indicador, sólo dos puntos porcentuales por debajo de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), situada en torno al 15%. Sin embargo, un año después [2010] el balance sube al 26,18%. La comparación entre ambos porcentajes resulta, cuanto menos, chocante y parece indicar que la potente reducción de cesáreas de los ejercicios precedentes fue debida a un error de registro en las cifras de los ficheros de microdatos del INE.

En cualquier caso, los tocólogos matizan que es difícil plegarse a las cifras que propone la OMS. “No puede ni debe valorarse el porcentaje de cesáreas de una institución determinada, sin tener conocimiento de las condiciones sanitarias de la población que atiende”, especifica Santiago Dexeus, director de la Cátedra de Investigación en Obstetricia y Ginecología de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de honor de la Sociedad Española de Citología. “En algunas partes del mundo, si la paciente no ha parido a las dos horas de su ingreso, se le tiene que realizar una cesárea porque la plétora de partos que tienen, ocasionaría que las mujeres pariesen sin asistencia alguna”, agrega.

Distintas formas de luchar contra el porcentaje

Afortunadamente esto no ocurre en nuestras latitudes, gracias a los progresos de la medicina perinatal, que permiten diagnosticar antes los riesgos fetales. “La cesárea en nuestro país no se hace, en ningún caso, por comodidad del médico o del hospital, sino por criterios estrictamente científicos. Las cifras sólo se pueden reducirse aquí por un exceso de celo ante el aumento de las demandas y conductas defensivas que pueda condicionar la realización de intervenciones de este tipo”, considera Dexeus.
Desde El Parto es Nuestro, una asociación reivindica mejores condiciones de atención a madres, ponen en duda esta valoración. Opinan que la mala praxis tiene mucho que ver con el alto número de partos que terminan en cesárea. “Hay más de las necesarias”, sentencia Claudia Pariente, responsable de comunicación de este colectivo. “En general, representan el último eslabón de una larga cadena de intervenciones innecesarias. El 70% de las inducciones fracasan, terminan en partos instrumentales o cesárea. Si hubiesen dejado que el proceso fisiológico siguiera su curso, se hubieran evitado en la mayor parte de los casos”, apunta.

La asociación ha denunciado en más de una ocasión las cifras del Hospital Santa Bárbara de Puertollano (Ciudad Real), al que apodan “la fábrica de cesáreas”. “En 2008, tenían una tasa del 55%. Reclamamos una revisión de sus protocolos de atención al parto porque ahí debe estar la clave”, comenta. ZoomNews ha consultado a este centro para poder contrastar el dato y su gerencia ha preferido no hacer matizaciones. Para evitar estas situaciones, Sanidad ha impulsado el Proyecto Multicéntrico de Adecuación a Estándares Clínicos de las Cesáreas Urgentes y Programadas. Este proyecto cuenta con la participación de más de treinta hospitales del Sistema Nacional de Salud y su objetivo principal es disminuir la realización de cesáreas innecesarias. Lo dirige Andrés Calvo, jefe de servicio de Obstetricia y Ginecología del hospital de Manacor. “Esas estadísticas sólo pueden significar que hay poco seguimiento del protocolo estandarizado”, concluye.
Su hospital, en cambio, es uno de los que realiza menos intervenciones de este tipo. Sólo registran un 15% de cesáreas entre el total anual de los partos que asisten. “Todo debe empezar por seguir los partos conforme a las pautas marcadas en la guía nacional de atención al parto normal. El documento establece unos parámetros que detallan cómo es un alumbramiento sin complicaciones. La cesárea sólo debería practicarse cuando las cosas transcurren de manera diferente”, aclara Calvo. “Si  está programada es, en la mayoría de los casos, porque el médico tiene claro que un parto normal sería arriesgado”, añade.

El debate se centra, sobre todo, en las que se practican de urgencia. En ese caso, Calvo reconoce que hay una diferencia cuantitativa entre los centros públicos y los privados. “La mayoría de los hospitales públicos ronda el 24%, mientras que los privados superan el 40% de cesáreas con respecto al total de los alumbramientos. Esto sucede, en primer lugar, porque no suelen trabajar en equipo. La mayoría de las decisiones profesionales se toman individualmente y eso hace que el criterio sea muy variable a la hora de decidir si debe hacerse una cesárea o no. Por otro lado, tengo la sensación de que hay mucho parto inducido y eso significa que están empezando por forzar las cosas”, advierte.

Un difícil equilibrio para controlar la mortalidad

Un 5% de los bebés vienen de nalgas. Es un porcentaje pequeño, pero la mayoría de estos casos acaban en cesárea. “Sólo los hospitales de Las Cruces, en Bilbao, y el de Las Palmas de Gran Canaria hacen partos de nalgas”, señala Patricia Barbero, especialista ginecología y obstetricia en Hospital 12 de Octubre. “La Sociedad Española de Ginecología y Obstetría recomienda hacer cesárea en ese caso, porque evita complicaciones. Nosotros tratamos de evitarlo desde hace cinco años con una versión cefálica externa, que consiste en intentar darle la vuelta al niño desde fuera para que se ponga de cabeza. Lo hacemos con control ecográfico y con la madre despierta para que pueda indicar cualquier molestia, pero aún así, si no va bien, acaba en intervención quirúrgica”, concreta.
José María Lailla, presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), recuerda que lo fundamental es mantener a raya las cifras de morbimortalidad fetal. “Los hospitales de nivel III, los que tienen el máximo de patología en España, tienen índices de cesáreas que no superan el 23% con una incidencia de morbimortalidad fetal y neonatal realmente bajo. Es cierto que hay algún centro con porcentajes muy superiores, pero son excepciones”, manifiesta. “Además, la Comunidad Europea ha publicado un informe en el que señala los índices de acuerdo a las patologías por países y el nuestro es de los que refleja un mayor aumento. La edad de la maternidad en España es la más elevada del continente, después de las de Italia. Aquí tenemos también un mayor aumento de fecundaciones asistidas, de embarazos múltiples, de restricciones del crecimiento fetal y de prematuridad. No se pueden dejar de lado esas cifras”, argumenta.

A veces, los estudios que se publican en revistas científicas tienen un efecto determinante en las prácticas hospitalarias. “Hace unos diez años se publicaron unos estudios transnacionales que desaconsejaban rotundamente el parto de nalgas por el grave riesgo que había de mortalidad fetal. Han pasado los años y no se ha corroborado, pero ahora es muy difícil revertir el efecto”, cuenta el jefe de servicio de Obstetricia y Ginecología del hospital de Manacor. “La indicación de cesárea en esos casos ha generado comodidad, tanto por parte de los profesionales como de las mujeres. Se ha corrido la voz de que un parto de nalgas es peligroso y, además, los profesionales de menos de 40 años no han atendido nunca un alumbramiento de ese tipo. Coincide que los médicos más jóvenes son los que hacen la mayoría de las guardias y no quieren correr riesgos”, añade.

Las futuras madres escuchan a las veteranas

Volvemos al miedo. Al temor irracional a que algo salga mal. “Después de una cesárea, suele venir otra en el siguiente parto. Es así, a pesar de que todos los estudios indican que los resultados son más favorables, tanto para la madre como para el bebé, si se hace un intento de alumbramiento natural. Además, la mayoría de los especialistas aconseja no realizar más de tres cesáreas en una misma mujer”, indica Francisco José Pérez, coordinador del Plan de Humanización en la atención perinatal de la Consejería de salud y bienestar social de la Junta de Andalucía. “Lo que sucede es que, después del procedimiento queda una cicatriz en el útero. La herida puede haberse curado perfectamente o haber producido una cierta debilidad de la pared muscular. Si nos encontramos ante el segundo caso, a lo largo del parto se puede producir una rotura del útero, y cuando un profesional comunica este riesgo a una mujer, se horroriza”, añade.

El boca a oreja puede inclinar la balanza en favor de la cesárea. “Un pueblo de 50.000 habitantes puede concentrar dos casos de roturas uterinas en el mismo año por pura casualidad y, sin embargo, eso sienta un precedente entre las embarazadas de la localidad. Ninguna quiere pasar por lo mismo y pueden llegar a exigir a sus doctores que programen la intervención”, ejemplifica.
Pérez admite que, ante este tipo de presiones, los profesionales prefieren curarse en salud. “Un médico que tiene reciente la muerte de una mujer o un bebé en el paritorio, aunque no se deba a ninguna negligencia, tendrá cierto respeto durante un tiempo a cualquier tipo de complicación y puede que opte por la cesárea, por si acaso”, justifica. “También sucede que la embarazada insiste porque tarda en dilatar, está desesperada, y amenaza con denunciar si no se le hace la intervención quirúrgica. El deber del doctor es informarle de que no está indicada, pero a veces no queda más remedio que ceder para esquivar la demanda”, lamenta.
Calvo, en cambio, no tiene tan claro que las futuras madres tengan esa capacidad de elección. “En la sanidad pública, la clientela es un poco cautiva”, destaca. “Es difícil que una persona de Lugo se vaya a parir a Castellón porque tiene una tasa de cesáreas mejor, pero es cierto que en Valencia, por ejemplo, han notado una fuga de parturientas y están tratando de limitar el trasvase de alumbramientos de unos hospitales a otros. Las mujeres se informan y, al final, se cargan de trabajo los que intentan hacer las cosas mejor”, reconoce.

Fuente: http://www.zoomnews.es/89200/actualidad/sociedad/demasiados-partos-cesarea-pais-sano?cx_source=carrusel

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