Una nueva vacuna contra la malaria abre la vía a una aplicación masiva

Sanaria se ha comprometido a comercializar la fórmula a bajo coste

La OMS alerta de las resistencias a las artemisinas que se han detectado

Aurora Muñoz

Plasmodium faliparum. Así se llama el parásito de la malaria, que se cobra cada año unas 660.00 muertes, según los datos del último informe que ha publicado la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aún así, hay motivos para el optimismo. La institución calcula que los avances científicos y la cooperación internacional han evitado 1,1 millones de muertes por malaria. A estos esfuerzos se suma una nueva vacuna que promete ser “altamente eficiente” contra este parásito o, al menos, eso dicen los expertos.


Se trata de la fórmula PfSPZ, desarrollada los laboratorios de Sanaria. La compañía explora sus posibilidades comerciales, aunque se ha comprometido a distribuirla al coste más bajo posible. Hablan de venderla a un precio igual al costo de producción, más un 5%. Ese estrecho margen de beneficios podría abrir la vía para una aplicación masiva. La nueva vacuna, que sólo puede administrarse por vía intravenosa a diferencia de la mayoría de las anteriores, cuya aplicación era intramuscular o intradermal, es producto del trabajo de un equipo de científicos de Rockville (Maryland, Estados Unidos). La evaluación clínica la condujeron investigadores del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas en colaboración con el Instituto Walter Reed de Investigación, del Ejército, y el Centro Naval de Investigación Médica.

“Esta vacuna es el feliz inicio de un largo y tortuoso camino. La noticia es excelente, pero quedan incógnitas que hay que rellenar”, comenta Amós García, jefe de la Sección de Epidemiología de la Dirección General de la Salud Pública del Servicio Canario de Salud. El epidemiólogo es prudente. La propia OMS ha enfatizado que la fórmula se encuentra en una fase de pruebas muy precoz y que hay una veintena de otras vacunas contra la misma enfermedad que también se están probando. El tiempo dirá si el antídoto definitivo se encuentra en uno de esos productos farmaceúticos.
Hasta ahora, la única protección duradera contra la malaria ha sido permitir que los mosquitos portadores de esporocitos Pf, [células que se desarrollan en la glándula salival del mosquito Anófeles] picasen a los humanos para que se estimulase su inmunidad. El proceso es eficaz, pero los científicos buscan una técnica más avanzada, ya que no podían manufacturar parásitos suficientemente debilitados como para usarlos vivos en una vacuna inyectable. Esta vez, han participado en el ensayo 57 adultos sanos, con edades de 18 a 45 años, que jamás habían tenido malaria. De ellos, 40 recibieron al vacuna y el resto, no.

Entre los voluntarios a los que se les inyectó la fórmula, unos recibieron cuatro dosis y otros cinco, para evaluar la seguridad de la misma. Seis de los voluntarios que recibieron la máxima cantidad de intravenosas no contrajeron la malaria cuando quedaron expuestos al parásito, mientras que tres de los nueve que recibieron cuatro dosis desarrollaron la enfermedad. Cuanto mayor fue el número de dosis, más anticuerpos específicos de los esporocitos pudieron detectarse en la sangre de los participantes.
“La información de la que disponemos hasta el momento se refieren a los resultados obtenidos en la Fase I del estudio”, detalla Julio López, profesor Departamento Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla. “Lo que se ha visto es que ha sido bien tolerada en general pero hay que ser cautos. El estudio puede durar décadas y los resultados obtenidos en esta etapa no son extrapolables a lo que vaya a suceder en fases más avanzadas del estudio”, explica. “Hay que tener en cuenta que en esta etapa se investiga en un número muy reducido de sujetos, en buenas condiciones físicas, y esa muestra no representan exactamente a las poblaciones donde se va a aplicar la vacuna”, advierte el docente.

Una de las diferencias fundamentales de esta vacuna con respecto a las anteriores es que se trata de una fórmula atenuada, en la que a los esporozoitos de Plasmodium falciparum [células que inoculan las hembras de los mosquitos de manera natural para transmitir la malaria] se les ha eliminado la capacidad de producir enfermedad, aunque producen respuesta inmunitaria. “Los protozoos [agente causal de la malaria] son microorganismos más complejos y por tanto son más difíciles de atacar con vacunas, ya que disponen de más mecanismos para evadir nuestra respuesta del sistema inmunitario”, indica Rubén Bueno, miembro del Laboratorio de Entomología y Control de Plagas del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València.
“Ya en los años 60 se realizaron experimentos similares, inoculando esporozoitos pero, en lugar de hacerlo con vacunas sintetizadas por el hombre, partieron directamente de mosquitos infectados que eran irradiados para atenuar sus esporozoitos. Evidentemente, el disponer de una vacuna es mucho más seguro que inmunizar a partir de picaduras de mosquitos, puesto que te permite controlar todos los parámetros que pueden afectar a la efectividad de la vacuna, incluyendo todas las sustancias que se inoculan. Además, el sistema de atenuación de esporozoitos está mucho más depurado”, comenta Bueno con optimismo.

El mosquito se hace fuerte

La OMS alertaba hace apenas unos meses de las resistencias que se han detectado a las artemisinas, un componente clave del tratamiento, en cuatro países de la región del sudeste asiático (Camboya, Birmania, Tailandia y Vietnam), a eso hay que sumar la resistencia de los mosquitos a los insecticidas, que ya se da en 64 países. En la actualidad, existen 18 grupos de investigación españoles que trabajan en temas relacionados con la malaria, entre los que se incluyen centros públicos, universidades, dos plataformas en países endémicos (Mozambique y Guinea Ecuatorial) y varias organizaciones no gubernamentales.
El director del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB) y jefe del Servicio de Salud Internacional y Medicina Tropical del Hospital Clínic de Barcelona, Pedro Alonso, con 25 años de carrera y numerosos trabajos publicados sobre la malaria, ha contado desde Mozambique a Televisión Española que este prototipo es “una buena noticia”. “Estamos ante una prueba de concepto, no ante una nueva vacuna, pueden pasar entre 10 y 15 años hasta que exista una. Hay muchísimo trabajo por delante que necesita hacerse”, ha sentenciado.

Fuente: http://www.zoomnews.es/88233/actualidad/sociedad/nueva-vacuna-abre-aplicacion-masiva-malaria

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