Caso Snowden: ¿cómo ha podido ocurrir?

Más de cuatro millones de personas tienen acceso a información clasificada

El desencriptado de cables depende a menudo de técnicos subcontratados

Aurora Muñoz

Las recientes filtraciones a la prensa del exempleado de la NSA (siglas en ingles de la Agencia de Seguridad Nacional), Edward Snowden, han puesto sobre la mesa la realidad de la seguridad en la Red. Miles de conversaciones, interceptadas tanto en redes sociales como a través de email, pasaron por la lupa del Gobierno de los Estados Unidos.
El Gran Hermano no descansa en ninguna dirección. “La transparencia está de moda. La ciudadanía ha descubierto, por fin, que a los gobiernos hay que controlarlos, pero aún no ha tomado conciencia de que este principio es bidireccional”, advierte Juan Luís Manfredi, investigador principal de Mediadem en España. “Somos espiados constantemente puesto que la información, cuando se ha digitalizado, no tiene límites. Este inconveniente es, a su vez, una ventaja. Por primera vez en la historia, no somos los únicos expuestos. Los documentos clasificados por la diplomacia y las agencias de seguridad han quedado desprotegidos”, añade.

Wikileaks sentó el precedente. El soldado Bradley Manning distribuyó cientos de miles de cables secretos del gobierno estadounidense y la organización que encabeza Julian Assange los publicó en Internet. Asegura que lo hizo para abrir un “debate amplio” sobre las guerras de Irak y Afganistán. “Hay quien dice que fue una venganza. Los camaradas del Cuerpo se burlaban de Manning por su homosexualidad y éste encontró la manera de devolverles en golpe”, apunta.

Internet, un vehículo de información muy poroso

En cualquier caso, la garganta profunda de Wikileaks no lo tuvo muy difícil. “Trabajaba en un aula de informática donde supervisaba las amenazas insurgentes y le bastó con copiar los archivos en discos compactos rotulados con los títulos de álbumes de Lady Gaga”, recuerda Manfredi. “Los riesgos de este procedimiento distan mucho de los que tuvieron que correr los informantes del caso Watergate. Entonces, había que extraer los documentos de una sala para fotocopiarlos y la reproducción era muy limitada. Los ordenadores son la mayor máquina de copiar que ha existido”, compara.
Emili J. Blasco, corresponsal de ABC en Estados Unidos, comparte esta visión. “El acceso informatizado a grandes bases internas de datos permite que una persona situada en la base de la organización pueda llegar a una información altamente secreta, que antes solo se distribuía entre contados miembros de la cúpula de inteligencia. Obama es el presidente que más está persiguiendo judicialmente a  los soplones y, aún así, no logra tapar el coladero”, explica.

David Blanco, director general de Tractis -una plataforma de verificación de la identidad y contratación electrónica-, considera que la equivocación de la Administración estadounidense está en buscar errores tecnológicos. “Desde la óptica de la seguridad, siempre hay que atacar el eslabón más débil de la cadena y ese suele ser el elemento humano”, adelanta.
“Es muy difícil contener información que está manejando gente dispuesta a hacerla pública por motivos ideológicos. El sistema de encriptación es como un furgón blindado que transporta oro. Puede ser tremendamente complicado abrirlo pero, en algún momento, tienen que llegar al destinatario”, comenta. “Ahí es donde se produce la filtración. Los datos codificados son inexplotables, así que alguien tiene que traducirlos“, concluye. Ignacio Prieto, profesor del Máster Interuniversitario en Analista de Inteligencia de la Universidad Rey Juan Carlos, continúa su razonamiento. “El sistema de filtración de cables es una tarea tediosa y rutinaria que no llevan a cabo altos cargos del Ejército o directivos de las agencias, sino empleados de un nivel muy básico”, especifica. “Snowden era un simple técnico que desempeñó su labor para la NSA con contratos de compañías adjudicatarias de concursos públicos de defensa, como Booz Allen Hamilton”.

Difícil equilibrio entre la protección y la difusión

Gustavo Palomares, presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos, se niega a descartar el fallo informático. “El hecho de que, tanto Manning como Snowden, pudieran acceder a ese volumen de información demuestra que no existe un sistema desvinculado sectorialmente o parcelado. Esa forma de gestionar los secretos de Estado requiere un protocolo muy claro, que evite la porosidad de los datos y unas medidas coordinadas de protección de datos”, indica. En su opinión, este tipo de filtraciones ponen en riesgo la seguridad nacional y no justifica la revelación de los cables en defensa de las libertades individuales.

Ángel Gómez de Ágreda, profesor del Departamento de Estrategia de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas y tenientes coronel del Ejército del Aire, se sitúa en un punto intermedio. “El verdadero valor de la información se consigue cuando llega a la persona adecuada y la difusión suficiente de una primicia es fundamental para poder sacarle partido. Por lo tanto, es necesario un compromiso entre protección y difusión”, aclara. “El sistema de inteligencia norteamericano está probablemente sobredimensionado y eso puede llevar a que haya más gente con acceso a información de la que sería necesaria y más de la que se puede controlar”, interpreta. En cambio, Felipe Sahagún, docente de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, culpa de lo sucedido al Ejecutivo.
“Desde la Ley Patriot y siguientes de Bush, asumidas y reforzadas por Obama, el Gobierno ha puesto la seguridad absolutamente por delante de cualquier normativa, pisoteando de forma flagrante derechos conseguidos durante generaciones”, denuncia Sahagún. “En un país con 16 servicios de espionaje y más de cuatro millones de personas con acceso a información clasificada o reservada, esperar que semejante violación de derechos y libertades se mantenga indefinidamente en el silencio es absurdo”, plantea. Manfredi está de acuerdo. “Estados Unidos necesita menos secretos de Estado y que esos pocos estén bien protegidos”, sentencia.

Fuente: http://www.zoomnews.es/64326/actualidad/mundo/snowden-y-manning-evidencian-las-debilidades-inteligencia-estados-unidos

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