¿Por qué abortan las mujeres?

Un 62% de las mujeres que han interrumpido su embarazo, volvería a hacerlo

La mayoría alega motivos económicos o inmadurez para afrontar la maternidad

Aurora Muñoz

La decisión de abortar no depende del acceso al aborto que exista legalmente dentro de un país, sino de la libre decisión de cada mujer. Esta es una de las aseveraciones que la senadora de Entesa Pel Progrés de Catalunya Mónica Almiñana ha expuesto en la Cámara Alta. “La ley actual sobre el aborto homologó la legislación española a la de la mayoría de las legislaciones europeas e introdujo seguridad jurídica y garantías para las mujeres y los profesionales de la salud, sin que la tasa de abortos sea hoy superior a la de Francia, Alemania o Italia”, ha recordado Almiña al Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, a quién reclama una vuelta atrás en la reforma de esta normativa. La senadora considera que la reforma haría retroceder a España a la situación anterior a 1985, al eliminarse el supuesto del derecho a decidir de la mujer en caso de malformación fetal.

El gerente de la clínica Dator (Madrid), Diego Fernández, refrenda su postura. “Las embarazadas no deberían tener que excusarse al optar por no tener un hijo”, defiende. “Son mujeres maduras, formadas y, por lo tanto, el paternalismo no tiene cabida”, considera este doctor del primer centro médico acreditado en España para la realización de abortos de alto y bajo riesgo. Fernández se agarra a los datos.

La senadora Mónica Almiñana considera que la reforma elimina el derecho a decidir y haría retroceder a España a 1985

Un estudio realizado por la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (Acai) refleja que un 62% de las mujeres que han abortado volvería a hacerlo. La encuesta, que ha sido elaborada con una muestra de más de 5.000 participantes, recoge que el 60% de ellas tenían entre 18 y 30 años cuando interrumpieron su gestación y un 65% contaba con estudios entre la Secundaria y el Bachillerato.

Un embarazo no deseado no te hace sentir madre

Ana H. es una de esas mujeres que cabe en la estadística. Hoy tiene dos hijos pero, cuando aún vivía bajo el techo de sus padres, el predictor se tiñó de rosa y tuvo que tomar una decisión. “No se quiere abortar. Nunca. Pero la ausencia de la menstruación durante unas semanas no te hace sentir que realmente llevas un hijo dentro”, expone. “Traer vidas al mundo es un acto de amor, pero sobre todo de una grandísima  responsabilidad. Una tiene que estar preparada para renunciar a casi todo, pero sobre tiene que estar preparada para seguir viviendo. Ser madre no es dar de comer, ni cambiar pañales. Es mucho más”, añade. “Yo pude elegir y en una ocasión elegí no tenerlo. No me arrepiento. Habría tenido que entregárselo a mis padres, así que no habría sido mi hijo. No habría podido criarlo porque ni siquiera podía cuidar de mí y habríamos sido dos desgraciados”, recuerda.

Ella contó con el apoyo de su familia, que comprendió su determinación. Otras, como N.A. (42 años), tuvieron que lidiar solas con las dudas. “Me había criado en un ambiente religioso y me costó tomar la decisión aunque, no fue por cuestiones morales sino por un instinto profundo de maternidad que apareció en el mismo momento en el que el doctor me confirmo el embarazo”, confiesa. “Sólo tenía 20 años, llevaba  cerca de cinco con mi pareja. Éramos un par de críos y, por primera y última vez, cometimos la estupidez de dejarnos llevar por la prisa y una noche no tomamos precauciones. Cuando me quise dar cuenta, estaba embarazada de casi tres meses y seguía sin saber que hacer”, cuenta.

No fue capaz de poner a sus padres al corriente y un día se acercó a la clínica Dator, con su pareja. “Allí me pusieron entre la espada y la pared, porque estaba en el tope permitido por la ley de supuestos. ‘O vienes mañana, o no vengas’, me dijeron. Y fui. Me durmieron con anestesia general y no me enteré de nada. Aun así, no fue un proceso agradable”, admite. Ahora es periodista y tiene tres niños. “No quisiera tener que pasar de nuevo por la experiencia pero, sin lugar a dudas, lo que hice fue lo mejor que podía hacer por mí y por aquel a quien no le tocaba venir”, zanja.

La falta de recursos condiciona la elección

Esther Aranda pasó por el mismo trance cuando ya tenía dos bocas que alimentar. “Mi tercera hija llegó en el peor momento posible. Me acababa de separar de su padre, no tenía trabajo y me tocó volver a casa de los míos”, lamenta. Con ese horizonte, se dirigió a la Policlínica Retiro a las 10 semanas de gestación. “Quería terminar con el problema”, recuerda. Sin embargo, una mirada su cartera fue suficiente para dar media vuelta. “Llevaba una foto de mis hijos y traté de convencerme de que, donde comen dos, comen tres”, explica. Cogió su abrigo y dejó el centro atrás.

La Organización Médica Colegial (OMC) apuesta porque la reforma de la ley del aborto que prepara el ministro de Justicia contemple ayudas económicas para evitar que las mujeres tengan que abortar por motivos económicos. “Creemos que ninguna mujer debería verse obligada a abortar, aunque no quisiera hacerlo, porque no tuviera posibilidades económicas de mantener al niño”, ha señalado el presidente de la OMC, Juan José Rodríguez Sendín.

Ese fue, precisamente, el motivo que más pesó en la balanza de P. V., una abogada de 40 años. “Entonces tenía 26 años, acababan de contratarme en el bufete de abogados donde había estado un año de prácticas. Sentía muchísimo amor por mi trabajo y la noticia de que me había quedado embarazada fue un mazazo. No tardé en tomar la decisión de abortar; no era el momento de tener un hijo”, sentencia. “Recuerdo como una joven médico, entiendo que psiquiatra, me entrevistó en la clínica privada para que le explicase por qué había tomado la decisión de no seguir adelante. No le mentí: no estaba preparada ni mental ni económicamente”, apunta.

P.V., que hoy tiene un adolescente en casa, nunca se ha arrepentido de aquel aborto. Ana Isabel, por el contrario, relata a sus 39 años como le ha perseguido esta decisión a lo largo de toda su vida. “Fui egoísta. Me quedé encinta a los 16 años y el chico se borró del mapa. Me sentía sola, así que pensé que tendría oportunidades más propicias para ser madre”, rememora. “Ahora tengo una nueva pareja, queremos tener un bebé juntos, pero la suerte no ha estado de mi parte. Tengo las trompas obstruidas y ya no puedo tener hijos. Eso me ha hecho darme cuenta de que no tenemos el control de nuestra vida. Las cosas pasan por algo”, opina.


NOTA ACLARATORIA:  Los nombres de todas las mujeres que han contado su testimonio en este reportaje son ficticios, excepto el de Esther Aranda. Han escogido esta fórmula para proteger su anonimato.

Fuente: http://www.zoomnews.es/52695/actualidad/sociedad/que-abortan-las-mujeres

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