Jaime Pastor: El politólogo que vio venir el cambio

El 15-M ha contribuido a que la desobediencia civil se haya instalado definitivamente como método de protesta

El éxito del movimiento queda empañado por la falta de consensos colectivos

Aurora Muñoz

Todo movimiento social, hasta el asambleario, cuando se hace duradero y estable requiere de un órgano de representación, pero hoy hay mecanismos políticos para evitar la institucionalización. Jaime Pastor, profesor del departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), supo que otra democracia era posible si el 15-M terminaba desembocando en lo que él llama una “ciudadanía de alta intensidad”.

En su opinión, a medida que la sociedad se hace más compleja, el sistema de iniciativa directa pierde peso, de manera que la única opción para evitar la perversión de sus mecanismos es que cada elector reclame un nuevo modelo que combine distintos tipos de democracia: una paritaria que fomente la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, otra inclusiva en la que pueda votar cualquier persona que resida en el territorio -incluidos los inmigrantes-, una tercera de control que revoque a los candidatos corruptos, limite su salario al sueldo medio de un funcionario y establezca un sistema derogatorio de leyes (Italia), otra de iniciativa popular, etc. Esto generaría un nuevo imaginario representativo que terminaría con la desafección que muestra la ciudadanía hacia la política. Los indignados fueron realistas y este politólogo soñó con ellos lo imposible.

– Hace dos años, se mostraba usted ilusionado con el nacimiento del 15-M. Ahora que el movimiento ha encontrado asiento, ¿sigue encontrándolo esperanzador?

Le ha faltado coordinación de las iniciativas, una mayor búsqueda de consensos a la hora de priorizar algunos temas. Ha habido demasiada dispersión de propuestas en el momento de reflujo del movimiento. Este momento se situaría tras las elecciones generales de 2011 hasta el primer aniversario del 15-M y después, han aparecido plataformas como la Coordinadora 25-S En Pie, que han podido crear una imagen de fragmentación. A pesar de ello, ha continuado habiendo “reunionitis” en muchas asambleas de barrios y pueblos. Eso significa que, de alguna manera, ha faltado dosificación de los ritmos de trabajo de esfuerzo en la búsqueda de consensos colectivos y en la priorización de objetivos.

– Las comparativas entre la acampada de Sol y los movimientos civiles en Francia han sido recurrentes desde el inicio. ¿Qué rasgos del aquel Mayo del 68 encuentra usted en el 15-M?

La comparación tiene sentido, puesto que ambos fenómenos tuvieron a la juventud como motores iniciales. También se parecen en que son momentos de efervescencia colectiva con una proliferación de mensajes, actividades y perfomance que reflejan la lucha de forma creativa. Sin embargo, el contexto político era muy distinto. La juventud francesa quería ir más allá, quería hacer la revolución. La actual es defensiva y crítica con un  modelo liberal que no ofrece futuro, ni un trabajo estable. Los horizontes son opuestos: el francés tenía expectativas muy superiores mientras que el actual que busca defender bienes comunes y derechos frente a las privatizaciones que pueden negarles derechos que parecían universales, como la sanidad, la educación o las pensiones.

– Los jóvenes no han sido los únicos contestatarios, ¿cómo valora usted el papel que ha desempeñado la tercera edad en estas movilizaciones?

El grupo que protagonizó los inicios de la acampada de Sol fue joven y con mucha formación. Estamos hablando de veinteañeros titulados e incluso con másteres. Eso no quita que, con el tiempo, el 15-M fue convirtiéndose en un movimiento intergeneracional y ha habido una serie de personas ya jubiladas, los iaioflautas, que en lugares como Barcelona o Madrid han jugado un papel importante con la ocupación de sedes bancarias. También hemos visto casos interesantes en Galicia a raíz de la creación de grupos de afectados por las preferentes. Son personas que han vivido lo duro que fue conquistar estas bases sociales y ven que se las están quitando. Son un ejemplo de solidaridad intergeneracional.

– Otro de los puntos claves de aquel 15 de Mayo de 2011 fue la ocupación simbólica del espacio público. Sin embargo, desde entonces, la ciudadanía no ha vuelto a reclamarlo. ¿Por qué cree que ha sido?

No ha habido nuevas acampadas, pero eso no significa que ese elemento de desobediencia civil se haya perdido. Aquellas tiendas jugaron un papel fundamental en las primeras semanas, sobre todo, en los intentos de desalojo por parte de las autoridades. Era el espacio simbólico de ocupación de la ciudad, del llamamiento de las redes y las manifestaciones. Después, se han seguido ocupando plazas en manifestaciones y en el aniversario se va a ocupar Sol, pero considero que no tendría sentido otra acampada en este momento. Ahora toca saber innovar. Los escraches son un buen ejemplo de cómo los indignados se reinventan cada vez que se agotan otras formas de protestas.  No olvidemos que la manifestación del domingo se llama “Escrache al Sistema”. Otra versión se encuentra en los barrios, donde el 15-M ha tratado de dar otra dimensión a las plazas cada vez que se ha producido una huelga general.

– El último dato del paro recogía más de seis millones de desempleados. Nunca antes en España había habido tantas personas sin trabajo y la situación es ya muy delicada para algunas familias. ¿Cree que si la deriva sigue siendo negativa podría haber un estallido de violencia?

No lo creo. La desobediencia civil no violenta ha demostrado su efectividad. Hemos visto la resistencia en Sol, en los desahucios paralizados sin agresiones e incluso en los escraches, qué sólo se han saldado con algunas lesiones. Evidentemente, siempre puede haber algún grupo reducido más exaltado, pero está demostrado que el método que el 15-M ha escogido lo ha dotado de una mayor legitimidad ante la opinión pública y desarma los intentos de criminalización por parte de algunas autoridades. Yo creo que es el futuro, estamos viendo como frente a las multas se forma un movimiento de solidaridad como crowdfunding. Es decir no veo riesgo de transformación en un riesgo violento.

Fuente: http://www.zoomnews.es/49373/especiales/las-caras-del-15-m/jaime-pastor-politologo-que-vio-venir-cambio

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