El uso del burka en espacios públicos enfrenta a varios ayuntamientos con el Tribunal Supremo

El alcalde de Badalona solicita la prohibición de esta prenda para salvaguardar la seguridad pública

La Comisión Islámica sostiene que algunas mujeres dejarían de salir si les impiden usarlo

Aurora Muñoz

El Tribunal Supremo fue tajante. La prohibición de que las mujeres lleven velo integral en los espacios públicos, acordada por el Pleno del Ayuntamiento de Lleida en octubre de 2010, vulnera el artículo 16 de la Constitución Española, que garantiza el derecho a la libertad religiosa y, por lo tanto, fue anulada. El Alto Tribunal bordeó la controversia política centrándose en una cuestión de forma. El argumento fundamental de la sentencia fue que los ayuntamientos carecen de competencias para limitar un derecho fundamental, algo que solo se puede hacer mediante una ley, un tipo de norma reservada al Parlamento. Sin embargo, varios municipios se niegan a aceptar la resolución.

El alcalde de Badalona y presidente del Comité de Convivencia e Inmigración del PP catalán, Xavier García Albiol, fue el primero en dejar clara su oposición. “Me parece una barbaridad que por motivos religiosos una persona pueda ir con la cara tapada por la calle”, defiende en una entrevista de Europa Press. Por esta razón, pide al Gobierno central una ley a nivel estatal para prohibir el uso del burka. “Por encima de la libertad religiosa hay un concepto de seguridad y dignidad. Puede que en algunos países sea una práctica habitual, pero en España se cree que las mujeres deben tener la misma consideración que los hombres”, reclama García Albiol, para quien el fiscal pide un año de cárcel por incitación a la xenofobia contra los rumanos. Su argumentación ha sido recogida ahora por el PP del Ayuntamiento de Mataró (Barcelona), que ha impulsado una declaración institucional para promover que el consistorio se dirija al presidente, Mariano Rajoy, con el objeto de solicitar la regulación de estas prendas en espacios públicos y dependencias municipales.

Las razones de ambos son discutidas con fiereza desde asociaciones como Red Acoge. “No estamos a favor de la prohibición. Las mujeres deben ser libres y poder elegir si llevan o no pañuelo, como una manifestación de su ejercicio de libertad religiosa. Por lo tanto, no entendemos la polémica creada dado que, desde el punto de vista social, no es ni mucho menos una preocupación manifestada por un amplio sector de la población, sino que más bien es un debate artificial, alimentado por algunos ayuntamientos que en nada benefician a la convivencia. Pueden llevar a fomentar sentimientos racistas y xenófobos”, manifiesta este organismo mediante un comunicado.

Un emblema que enfrenta la libertad religiosa a la dignidad

Mounir Benjelloun, presidente de la Comisión Islámica de España, teme que el debate sea contraproducente. “En España hay muy pocas mujeres que lo utilicen, de manera que no entendemos por qué han devuelto el asunto a la palestra. En cualquier caso, una normativa en este sentido terminaría por excluir socialmente a las que opten por usarlo, ya que las más convencidas preferirían quedarse en casa antes que renunciar a él”, sostiene.  En España están documentados apenas una decena de casos de mujeres que llevan niqab, y ninguno de burka. Eso no impide que obligar a vestirlo esté ya perseguido tanto por el Código Penal como por la Ley de Violencia de Género.

En Europa Laica entienden que exista una normativa al respecto. “Es un tema complicado. La cuestión de los símbolos religiosos de ostentación pública puede generar fricciones con la libertad de conciencia individual. Un emblema podría significar una afrenta a la dignidad de las personas, esencialmente las que no ostentan el poder y dentro de éstas, están las mujeres en las diversas religiones. Sin embargo, también cabe entender su uso como un elemento de expresión de la propia identidad”, se cuestiona su presidente, Francisco Delgado.

Él es partidario de seguir el ejemplo de Francia. “El burka no es un símbolo religioso sino un símbolo de la opresión. No es bienvenido en Francia”, sentenció el propio presidente galo, Nicolas Sarkozy, después del informe de la Comisión Stasi. Lo hizo tras puntualizar que su rechazo del velo integral no tiene nada que ver con una falta de respeto frente al Islam. Delgado comprende la postura. “Hay que legislar para evitar llevar a los tribunales de justicia cualquier opinión enfrentada”, justifica.

A ellos se suman voces menos institucionalizadas como la del catedrático de árabe de la Universidad de Cádiz, Fernando Velázquez. “El burka no tiene nada que ver con el Islam, sino con la dominación de los hombres sobre las mujeres”, aclara. “Lo que pasa es que, como el fenómeno se da en los países islámicos, se tiende a identificarlo con una práctica religiosa. Piensen en el velo entre las mujeres españolas de hace 50 años. Ahora no se lo pone nadie ni para ir a misa. No debemos retroceder en el tiempo. Deben primar las consideraciones de seguridad pública. No hay que olvidar que el burka impide la identificación de las personas”, arguye. “La decisión del Supremo es preocupante. Los jueces, por este camino, pueden terminar legalizando la ablación del clítoris”, opina.

Ignacio Gutiérrez, profesor de la asignatura de Procesos de Transición en el Islam del Máster de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid, se opone a esta visión, que considera limitada. “La Policía debería tener potestad para solicitar a una persona que lleve tapada la cara en un espacio público que se despojé de la prenda y deje descubierto el rostro para su identificación. Esta normativa no iría enfocada al combatir los símbolos religiosos, simplemente evitaría la ocultación de los rasgos faciales”, valora. “Eso no es aplicable a los celos y otros aditamentos que dejan la cara al descubierto. Si a algunos les parece que llevar un pañuelo en la cabeza es denigrante para la mujer, sería bueno que le preguntasen a ella. La polémica que estalló en Madrid hace un par de años a raíz de la expulsión de una alumna de un instituto de Pozuelo por incumplir la normativa del centro al acudir a clase con velo fue completamente innecesaria. Las normas de urbanismo no son más que convencionalismos sociales que deben facilitar la convivencia y, en este caso, sucedió lo contrario”, concluye.

Fuente: http://www.zoomnews.es/48376/actualidad/espana/uso-del-burka-espacios-publicos-enfrenta-varios-ayuntamientos-tribunal-supre

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