Así será la entronización del nuevo Papa

La ceremonia de entronización sustituye a la antigua coronación

El Anillo del Pescador de Benedicto XVI no será destruido

A.M.

Ya ha salido la fumata blanca. Eso quiere decir que la Iglesia católica inicia una nueva etapa con el nombramiento del sucesor de Benedicto XVI. Jean-Louis Tauran, el cardenal protodiácono, ha sido el encargado de anunciar el acuerdo del cónclave desde el balcón de la Basílica de San Pedro con una sentencia histórica: Habemus Papam. Esta voz latina viene acompañada del replique de campanas que proclama el relevo en la Silla de Pedro.

Poco antes de la proclama, Jorge Mario Bergoglio ha aceptado su elección canónica como Soberano Pontífice y arzobispo de Roma. También ha escogido el nombre por el que será conocido tras su nombramiento, Francisco. Durante los primeros años de la Iglesia los obispos romanos usaban sus propios nombres tras ser elegidos, pero Juan II decidió abandonar el suyo, Mercurius, al entender que no era apropiado que un pontífice tuviera el mismo nombre de un dios romano. Desde entonces, sus sucesores suelen decantarse por el de algún Papa anterior al que el recién elegido toma como referencia.

Esta elección queda recogida en un acta oficial que es elaborada por el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, quien actua como notario. Se cumplimenta en presencia de dos cardenales y, una vez ratificado, el recién electo se arrodilla en el altar de la Capilla Paulina para orar delante del Santísimo. A este breve momento de recogimiento, le sigue el último momento de soledad de la nueva cabeza visible de la Iglesia católica. Según dicta la tradición, el Pontífice se desplaza a una pequeña estancia, denominada la Sala de las Lágrimas, donde el resto del cónclave le concede unos minutos de intimidad, para digerir su nuevo estatus. Esta habitación anexa a la Capilla Sixtina recibe este nombre amargo porque muchos Papas lloraron en ella al tomar conciencia de la importancia del cargo.

Imposición de los primeros símbolos

Allí recibe una de las tres sotanas blancas (de tallas distintas) que el el sastre oficial del Vaticano ha confeccionado para la ocasión. Una vez ataviado con ellas, regresa a la Capilla Sixtina donde los cardenales le juran obediencia en un pequeña ceremonia que incluye una lectura del Evangelio que hace referencia al ministerio petrino (Mateo 16, 13-19) en el que Jesús confirma a Pedro como primer papa de la Iglesia “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Justo después, entonan el himno de acción de gracias Tedeum.

Sólo después de todo este proceso, llega el momento de recibir el primer baño de multitudes. “Se supone que debe actuar como si se tratara de una decisión difícil”, advierte Frederic Baumgartner, profesor de historia en la Universidad de Virginia Tech y autor del libro Detrás de las puertas bajo llave: Una historia de las elecciones papales. “La aparición del nuevo pontífice suele darse alrededor de una hora después de la señal de humo. Si un hombre estuviera verdaderamente indeciso sobre ocupar el puesto, podría tardar un poco más”, puntualiza en declaraciones a CNN México. En la elección de Benedicto XVI pasaron unos 45 minutos desde la fumata hasta que salió el protodiácono a la Logia y diez minutos más hasta que salió el papa.

El Pontífice se dirige el mismo balcón donde fue anunciado el consenso del cónclave y saluda a los fieles que le aguardan en la plaza de San Pedro. La bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad [de Roma] y al mundo), inicia el Pontificado de cada sucesor de Pedro y concede indulgencia plenaria a todos los presentes. Es en ese momento cuando el camarlengo, Tarcisio Bertone (78 años), podría abandonar el gobierno provisional de la Iglesia, aunque otros pontífices han optado en el pasado por un traspaso de poderes mucho más progresivo.

Una ceremonia marcada por la tradición

Unos pocos días después de la elección, tendrá la ceremonia solemne de asunción, que sustituye a la antigua ceremonia de coronación. Ésta última fue abolida por su magnificencia, más propia de la realeza que del Papado. La última coronación clásica tuvo lugar en 1963. Entonces, Pablo VI fue trasladado en andas hasta la plaza de San Pedro para su entronización. Juan Pablo I rompió en 1978 con varias tradiciones. Renunció a la tiara -la corona papal- y al sillón en el que iba a ser llevado en volandas. Juan Pablo II, también se saltó el protocolo tras la misa en la plaza de San Pedro, cuando se dirigió a la concurrencia y estrechó la mano de cuántos se acercaron a él. A pesar de estos ejemplos, la etiqueta es rígida.

Los actos están previstos para el próximo 19 de marzo. Están invitados todos los jefes de Estado y de Gobierno, que deberán acudir vestidos de mantilla y frac. Ellos serán testigos de la primera misa del nuevo Pontífice. Antes de celebrarla,  el Papa baja a las Grutas Vaticanas para rezar ante la tumba del Apóstol. Allí, junto al Altar de la Confesión, se suceden los nichos de más de un centenar de Papas que lo han precedido. Tras encomendarse a ellos, el nuevo Pontífice sale en procesión hacia el altar de la plaza de San Pedro. Esta eucaristía está presidida por un gran tapiz que representa la pesca milagrosa y en el que aparece Jesús hablando con Pedro.

Durante el transcurso de los oficios, recibirá dos símbolos muy importantes para la Iglesia Católica: el Palio y el Anillo del Pescador. El primero es la insignia característica del Obispo de Roma, un ornamento con forma de una faja circular que cae sobre los hombros y cubre el pecho y la espalda con dos tiras rectangulares de lana blanca en las que destacan seis cruces negras. Indica la pertenencia al “rebaño del Señor”.

El Anillo Papal se coloca en el dedo anular de la mano izquierda y lo utiliza para sellar las bulas papales, presionando el anillo sobre la cera roja. Esta joya es única e intransferible para cada Pontífice. Cuando el cabeza de la Iglesia fallece, es destruído y se realiza uno nuevo. Esta vez, sin embargo, el relevo se ha producido antes del fallecimiento de Benedicto XVI y la Curia ha decidido cortar e inutilizar el sello en lugar de eliminarlo. Se trata de una muestra de respeto hacia el anterior Pontífice, que también conservará su nombre papal tras la renuncia.

En estos días, el sucesor de Pedro nombrará al prefecto o confirmará a quienes pusieron su cargo a disposición tras la defunción de Benedicto XVI. Juan Pablo II tardó sólo ocho días en hacerlo, así que es probable que en una semana se conozcan los nombres de la nueva cúpula de la Iglesia.

Fuente: http://www.zoomnews.es/actualidad/sociedad/ceremonia-entronizacion-guia-pasos-del-nuevo-papa

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