Periodistas, ¿por qué hemos caido tan bajo?

Las tertulias televisivas han contribuido al descrédito de los medios

Los redactores reclaman independencia de los poderes políticos

Los formatos digitales se erigen como el relevo natural, pero carecen de financiación

Aurora Muñoz

Los plumillas han convivido históricamente con chistes más o menos ingeniosos sobre las malas artes de la profesión. Ya en 1974, se le comenzó atribuir a Billy Wilder una sentencia magistral que nunca estuvo entre los diálogos de Primera Plana: “No le digas a mi madre que soy periodista; ella piensa que toco el piano en un burdel”. En realidad era una cita de Tom Wolfe, mucho más antigua. El exdirector de relaciones institucionales de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), Teddy Bautista, recuperó el símil hace un año. Con menos gracia, eso sí. Aquel desplante fue sólo la antesala del declive que se nos atribuye. El Barómetro de Opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de febrero recoge que los periodistas son los profesionales peor valorados por los españoles, sólo por detrás de los jueces. Ya ven, con una puntuación de 59,09 puntos sobre una escala de 0 a 100, nos llevamos el premio limón.

“Los datos deben hacernos reflexionar e iniciar una autocrítica. Analizar la desconfianza de los ciudadanos en un momento en el que nos parecía que el periodismo estaba poniéndose a la cabeza de la manifestación y de la demanda de explicaciones, con denuncia de casos de corrupción, de todos los partidos y de todos los sectores”, plantea Carmen del Riego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid. La cronista política tiene su propia hipótesis. “Esa percepción tiene que ver con los programas espectáculo que se revisten de periodismo y no lo son; que hacen todo menos periodismo y que mantienen unos datos de audiencia feroces. Pero por lo que se ve, no les gusta ni siquiera a los que los ven. La reflexión debería ir por el lado de si estamos dando respuestas a esas demandas de los ciudadanos o nos estamos dejando caer todos en la parte de espectáculo que tienen esos programas pseudoperiodísticos”, apunta.

Las tertulias políticas, del corazón o deportivas son baratas. Permiten ahorrar grandes costes de producción a las cadenas, pero a la profesión le está saliendo caro el formato. Malén Aznárez, presidenta de Reporteros Sin Fronteras en España, lo tiene claro. “Nosotros somos, en gran parte, culpables del deterioro de nuestra imagen profesional. Los llamados periodistas que intervienen en esos programas donde habitualmente se exacerban las polémicas chillonas y los instintos más bajos pueden serlo de título, pero no de hecho. Lo que hacen no es información, es otra cosa”, denuncia. “En estos momentos en que la corrupción invade nuestra actualidad política y empresarial, deberíamos esforzarnos en hacer un periodismo serio, responsable, contrastado y honesto. Y eso tampoco lo vemos todos los días. ¿Por qué no nos negamos a asistir a esas vergonzosas ruedas de prensa sin preguntas?”, se pregunta en voz alta.

Ramón Lobo, colaborador de El Periódico, Infolibre y Jot Down, recoge el testigo. “El periodismo salió reforzado de la transición como una profesión esencial para la salvaguarda de la democracia,  pero a estas alturas hemos perdido la auctoritas. Lo hemos tirado todo por la borda”, reconoce. “La única manera de remontar es airear la casa y dejar que entre aire fresco, como le sucede a la política. Hay que hacer un periodismo que cuente historias de personas, no números o declaraciones de políticos. Si los dirigentes de los partidos no saben hacer otra cosa que decir lo mismo, pues que paguen publicidad y así encontramos una solución a la falta de ingresos”, propone con sorna. “Un medio de comunicación no es el sitio para colocar propaganda. El New York Times ya le plantó cara a George H.W. Bush y se limitó a dar un breve de una comparecencia en la que citó a la prensa para no decir nada relevante. Aquí, en cambio, seguimos asistiendo a ruedas de prensa sin preguntas”, contrapone.

El papel requiere un relevo

El ejercicio de autocrítica no se limita al servilismo de la profesión hacia lo poderes políticos. Juan Luis Sánchez, subdirector de Eldiario.es, achaca esta crisis del sector al inmovilismo de los grandes grupos. “Los medios tradicionales se han encargado de machacar el valor de la información profesional sometiéndola a unas dinámicas de trabajo que han destrozado la fiabilidad y la honestidad de lo que hacemos. Eso, a la larga, la gente lo nota, y se produce una desafección entre medios y ciudadanos. Lamentablemente, el “no nos representan” va también dirigido a ese tipo de periodismo, cómplice muchas veces de esas medias verdades que nos han conducido a este crack“, crítica.

Montserrat Domínguez, directora de El Huffington Post en España, se suma a esta proclama. “El desprecio al que estamos siendo sometidos los colegas de la prensa digital es completamente injustificado. No es verdad que nos dejemos llevar por el SEO ni que esté desapareciendo el periodismo de verdad. Hay que tener una mayor amplitud de miras, admitir que el modelo ha cambiado y, sobre todo, empezar a desterrar esa práctica habitual de desprestigiar a la competencia. No nos hacemos ningún favor tirando piedras sobre nuestro propio tejado”, sentencia.

Patricia Simón, subdirectora de Periodismo Humano, pide paso para los nuevos. “En esta encuesta del CIS se nos está diciendo que hemos perdido la credibilidad y que somos dañinos para la democracia. ¿Hay algo más contrario a nuestra razón de ser? Sin embargo, son miles los periodistas que se encuentran en situaciones de miserable precariedad y prácticamente regalan a la ciudadanía su esfuerzo y talento para contar lo que nos está ocurriendo como sociedad. También es hora que frente a la crisis de las empresas mediáticas, la ciudadanía se implique en el desarrollo del derecho a la información y apoye decididamente a estos profesionales”, reivindica.

Soitu fue uno de esos experimentos valientes que, por falta de apoyos, tuvo que despedirse de sus lectores. Su exdirector, Gumersindo Lafuente, sigue confiando en la Red como vehículo del cambio. “También en la prensa ha habido una burbuja y ahora, en un momento en el que la tecnología permite a cualquiera alzar su voz y ser escuchado, va a costar mucho trabajo recuperar el prestigio. Pero no es imposible y sí muy necesario”, reclama.

En opinión de Hermann Tertsch, columnista de ABC, la raíz del problema viene de más abajo. “Sólo hay que ir a las facultades, hay que ver qué profesores tenemos en la universidad, que parecemos un tercer mundo. Ahora mismo han estado desfilando en la televisión profesores de la Complutense, y de todas partes, elogiando a Chávez: diciendo que qué maravilla, qué fantástica conquista de modernidad… ¡eso es lo que tenemos! Un país donde hay demasiado periodista que defiende esos regímenes, el funcionariado y la federación de asociaciones de prensa, que lo único que pide son subvenciones y protección al Estado. Antes les daba de comer la Duquesa de Alba y ahora lo que quieren es que se lo dé el Gobierno. Y es que el periodismo en España siempre ha sido un PER paupérrimo. Con muchos listos, muchos ingeniosos, algunos talentos y algunos brillantes”, diagnostica.

Tendencias que no cambian

Arsenio Escolar, director de 20 Minutos, quita hierro al asunto y pone en duda la validez de la encuesta del CIS. “No hay que pasar por alto que se trata de un muestreo con el punto de vista de 2.500 personas que meten bajo el mismo paraguas a un colectivo muy amplio. Este tipo de generalizaciones siempre son injustas”, despacha. Fernando González Urbaneja, decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Antonio de Nebrija, se suma a esta opinión. “Esa pregunta del barómetro tampoco sirve para crear una conclusión. En todas las encuestas del mundo sale siempre que los médicos y profesores son los profesionales más apreciados. Los son porque producen son bienes: salud, formación, educación, etc. Por el contrario, los políticos, sindicalistas, banqueros, obispos y empresarios suelen salir mal parados. Las clasificaciones de demonios y ángeles son demasiado”, protesta.

Sin embargo, estos ranking han existido siempre. Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, lo recuerda bien. “En general, la valoración de los periodistas en España siempre va muy paralela a la de los políticos. Es casi una ley sociológica que se cumple siempre. Sobra decir que ambos estamos cayendo en picado”, comenta resignado. “No son tiempos de gloria para la profesión. Tampoco es que hayamos llegado a un punto sin retorno, pero el modelo de negocio periodístico, tal como lo hemos conocido, ha colapsado. El negocio no volverá nunca a ser como era. Por falta de recursos”, concluye.

Alfonso Armada, director del máster de ABC y de la revista digital FronteraD, se niega a aceptar que el reparto de las culpas deba hacerse por igual. “Creo que uno de los grandes males de la prensa española es su sectarismo y superficialidad, su relación elástica con la verdad, sujeta a intereses con demasiada frecuencia partidistas o comerciales. En cualquier caso, el grado de responsabilidad no es el mismo. El redactor raso tiene la suya, pero el periodista que se ha convertido en empresario de la comunicación o gurú, debería dar bastantes más explicaciones”, advierte.

En esa misma línea se sitúa Aurelio Martín, vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). “Hay compañeros que se han hecho famosos y se han dedicado a grabar anuncios. Las marcas querían trasladar la imagen de fiabilidad del periodista al producto, pero al final somos nosotros los que la hemos perdido por rendirnos a este tipo de prácticas”, lamenta. “Y, por supuesto, nunca se habla de los dueños de los medios, que deben aplicar planteamientos éticos y deontológicos a sus funciones, más si cabe que un periodista. En lugar de eso, tratan de subir las audiencias a cualquier precio, mientras que la gran mayoría de los profesionales de este sector hacen un trabajo digno y sacrifican muchas más horas al día que en ninguna otra profesión, sin estar reconocidos laboralmente como debería. No maten al mensajero, por favor”, ruega al lector.

 Fuente: http://www.zoomnews.es/actualidad/sociedad/cis-situa-periodistas-profesionales-peor-valorados-espanoles?cx_source=sug

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