¿Cuándo hay que jubilar una central nuclear?

La media de esperanza de vida de las centrales nucleares no supera los 40 años

El deterioro de las piezas puede ocasionar escapes que se evitan con mantenimiento preventivo

Garoña presentaba corrosión y agrietamiento en sus últimos años de funcionamiento

Aurora Muñoz

La central nuclear de ucrania de Chernóbil, conocida por la catástrofe nuclear que se produjo allí en 1986, se convirtió de nuevo en noticia la semana pasada por el derrumbe del techo y de un muro de la sala de máquinas. La acumulación excesiva de nieve sobre la cubierta ha originado este desplome, a decenas de metros del sarcófago que protege el reactor dañado. El accidente no ha causado ni víctimas ni cambios en los niveles de radiación, según subrayaron las autoridades de la central en un comunicado. Eso no ha evitado que algunas organizaciones ecologistas hayan dado la voz de alarma: “Es una mala señal: si se cayeron esos paneles, no hay ninguna garantía de que no pueda comenzar a derrumbarse el sarcófago construido sobre el reactor averiado”, ha manifestado Vladímir Chuprov, dirigente de Greenpeace en Rusia.

El cubo de hormigón que se levantó poco después del accidente nuclear para impedir la propagación de la radiación, está agrietado y produce fugas, por lo que se está construyendo uno nuevo. Son síntomas inequívocos del envejecimiento paulatino de esta central que se construyó a principios de la década de los 70.

Por esa misma época, se pusieron en marcha las plantas españolas de Garoña y Almaraz. La primera fue desconectada definitivamente de la red eléctrica en diciembre pero, antes de eso, ya presentaba problemas de corrosión y agrietamiento. Estos indicios de debilitamiento precipitaron el cierre de la nuclear decana en España. Sus sucesoras también presentan los primeros achaque, a pesar de que el 92% de la potencia nuclear instalada en España ha cumplido poco más de la veintena. Eso convierte a nuestro parque en uno de los más jóvenes de la OCDE, tal y como refleja el informe Alargamiento de vida y explotación de centrales nucleares, publicado en la Revista de la Sociedad Nuclear Española.

Sin embargo, la historia de nuestras centrales está plagada de pequeños fallos de funcionamiento. El pasado sábado, sin ir más lejos, el reactor nuclear de Almaraz II tuvo que parar tras producirse un incidente en una válvula que ha afectado al presionador, pieza clave para la seguridad de la central, informa Francisco Castejón, físico nuclear y miembro de Ecologistas en Acción. Esta pieza se encarga de mantener el agua del circuito primario de refrigeración del reactor a suficiente presión para que no hierva a pesar de las altas temperaturas que alcanza el agua, que superan los 300 grados.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) se ha apresurado a calificar el incidente como nivel 0 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES, en sus siglas inglesas), aunque sucesos como éstos revelan que el alargamiento de la vida útil de estas instalaciones agrava los peligros asociados al paso del tiempo. Sirva como muestra el hecho de que, en Alemania, el 64% de los incidentes registrados entre 1999 y 2001 se produjeron en las diez centrales más antiguas del país, según se expone en el estudio Los peligros de los reactores nucleares, rubricado por los consultores científicos de Greenpeace Helmut Hirsch, Mycle Schneider y Oda Becker.

El aumento de la capacidad de generación de electricidad por otros medios unido a la desconfianza que provocaron los accidentes de Three Mile Island, Chernóbil, Monju y Fukushima, han influido de forma decisiva en la tendencia internacional de reducir el crecimiento del parque nuclear. El Gobierno italiano, por ejemplo, ha decidido bloquear el programa de construcción de centrales nucleares y derogar todas las normas previstas para la edificación de estas instalaciones en todo el país, según informaba el diario Il Corriere della Sera en 2011. La falta de relevos se ha traducido en un aumento de la media de edad de las nucleares de todo el mundo.

Mantenimiento preventivo frente a los riesgos potenciales

Los expertos calculan que la esperanza de vida de una central es de 25 años, pero el alto coste de construcción y de desmantelamiento de estas infraestructuras ha animado a la industria a tratar de renovar la licencia de operación hasta los 40 años. “La fecha es meramente indicativa, como sucede con el sello de caducidad de un yogur. Si el mantenimiento de los equipos es esmerado, se puede alargar considerablemente su tiempo de funcionamiento”, apunta Eduardo Sánchez Peña, un físico que ha dado clase en el departamento de Ingeniería Nuclear y Mecánica de Fluidos de la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla durante 20 años. “Las centrales detienen su actividad cada 12, 18 o 24 meses, según corresponda, para hacer recargas de combustible y, en ese periodo, se aprovecha para dar prioridad a las labores de conservación”, explica.

Estas tareas consisten en la sustitución preventiva de algunas piezas, test de resistencia, estudios de desgaste e inspecciones constantes. “El diseño de las centrales nucleares actuales es parecido al de un puente romano en cuanto a la prevención de riesgos. Aquellas primeras obras civiles se han conservado hasta hoy porque se hacían con cimientos muy robustos, siguiendo códigos de construcción extremadamente conservadores. Lo mismo sucede con los reactores. Sus estándares de ingeniería exageran muchísimo las condiciones de trabajo para que esté listos para cualquier eventualidad”, aclara J.P, ingeniero responsable del grupo de válvulas de la división nuclear de una multinacional energética. “Eso no significa que se puedan combinar un terremoto y un maremoto para tumbar todas las previsiones, como sucedió en Japón”, dice cubriéndose las espaldas.

Ambos reconocen que, como en cualquier industria, las instalaciones se deterioran con el tiempo debido al desgaste, pero no dan importancia este hecho. Castejón, por el contrario, sostiene que el verdadero peligro subyace en la estructura interna de los materiales. “Es frecuente que lo único que el único síntoma del envejecimiento que se ponga en evidencia sea la rotura de una tubería, pero quizás sea el mejor problema”, advierte. “La erosión de los componentes  por corrosión, tensiones cíclicas, irradiación o fatiga puede provocar grietas que permitan escapes radioactivos. Eso por no mencionar que los grandes elementos, como la vasija, no se reemplazan durante toda la vida útil de la central”, apostilla.

La versión del arquitecto Rafael García es menos tremendista. “Las estructuras contenedoras de los reactores nucleares son de gran resistencia y durabilidad. Están construidos en forma de sólidas cúpulas de hormigón, pensando incluso en impactos de aviones. Por lo tanto, no podemos considerarlas como el punto débil de las centrales. La fragilidad proviene de los equipos mecánicos, hidráulicos y de otros fluidos, así como de todos los sistemas de regulación. Estos son los que, a la larga, van envejeciendo y necesitan renovación y reparaciones. A veces enormemente costosas”, concluye este profesor del Departamento de Composición Arquitectónica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.

Alfredo Arnedo, Ingeniero de SENER y antiguo jefe del grupo civil ICN en la central nuclear de Ascó, apoya su postura. “El aspecto de seguridad estructural, no es el más determinante. Todos los edificios, sistemas y componentes de las centrales europeas y norteamericanas se diseñan y construyen para soportar terremotos de un periodo de retorno muy superior a los usuales en ingeniería civil. Además, el hormigón no sólo no pierde resistencia, sino que aumenta con el paso del tiempo. Su capacidad a compresión mejora. Sin embargo, la armadura de acero, que se encarga de resistir la tracción, puede deteriorarse por corrosión, pero evitarlo siempre se calcula la posibilidad de fisuración, limitando el ancho de fisura hasta valores que no sean perjudiciales”, añade. En su opinión, la energía nuclear está sujeta a un alarmismo fácil y demagógico. Los ecologistas, en cambio, recuerdan una y otra vez los peligros de esta energía altamente contaminante.

Fuente: http://www.zoomnews.es/actualidad/sociedad/alargamiento-actividad-nuclear-central-agrava-peligros-asociados-su-envejecimien

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