¿Dónde deja a los republicanos la derrota de Romney?

La mayoría de analistas cercanos a los conservadores creen urgente acercarse a los afroamericanos e hispanos

Paul Ryan sigue siendo el candidato del Tea Party para alcanzar la Casa Blanca

Aurora Muñoz

El primer recuento tras el cierre de las urnas en los Estados del Oeste ya había proclamado la reelección de Barack Obama y su oponente seguía resistiéndose a anunciar su derrota. Hasta casi la medianoche, Mitt Romney no se decidió a subir al escenario del Centro de Convenciones de Boston. Sus asesores le habían advertido que no había nada que hacer. “Este es un tiempo de grandes desafíos para América y rezo para que el presidente tenga éxito en guiar a nuestra nación”, improvisó el que fuera gobernador de Massachusetts.

No había preparado un discurso que contemplase el fracaso. Según reveló a la prensa, el candidato republicano sólo tenía en su atril 1.118 palabras victoriosas que cayeron en saco roto. Era el único optimista. Su hijo Craig terminó la intervención desde Bostón con unas palabras en español con las que recordaba que Romney estuvo a punto de no presentarse a estas elecciones porque toda su familia, a excepción de su mujer Anne, votó en contra de esa opción.
Los comunicados de la campaña republicana se suspendieron a media tarde. El ambiente era sombrío. En Boston no hubo multitudes. David Johnson, un consultor que trabajó en la campaña de Bob Dole en 1996, ya diagnosticó en declaraciones al diario latino La Opinión que la derrota de Romney reflejaría el alejamiendo del partido republicano de la población latina: “Creo que esto significa que el próximo candidato presidencial republicano tiene que se alguien que invierta la tendencia, que sea capaz de apelar al voto hispano”. “Puede ser Jeb Bush [ex gobernador de Florida e hijo y hermano de ex presidentes de EEUU] o cualquier otro, pero necesitamos a alguien que pueda unir a los conservadores y llegar a los latinos”, añadió.

“Es una derrota amarga porque hemos perdido por poco”, ha reconocido ante los micrófonos de Onda Cero James Levy, el representante en España del Partido Republicano. Él también ha señalado como clave el voto negro e hispano para la victoria de Obama: “Hay gente en el partido que ya está pensando que tenemos un problema democráfico muy grave. Si no ganamos el 99% de los votos de los negros y el 70% de las papeletas hispanas es muy difícil que consigamos dar un vuelco a las urnas, porque entre los dos colectivos suman más del 27% de la población”.
Levy explica que han perdido su mejor baza al no conquistar a la segunda generación de cubanos asentados en Florida, quienes están votando mayoritariamente a los demócratas [aquí Obama ha sumado un 3% más de hispanos y un 5% más de jóvenes entre 18 y 29 años]. Este estado ha sido el más codiciado de todas las elecciones presidenciales ya que, de todos los llamados swing states (estados indecisos), es el que más votos tiene para elegir al inquilino de la Casa Blanca.
La ex candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, Sarah Palin, ya lo vió venir los comicios de 2008, cuando Romney perdió contra John McCain. “No contamos con los hispanos y esto es algo muy significativo”, reconoció la gobernadora de Alaska en una entrevista concedida a la NBC. Después de tropezar dos veces en la misma piedra, parece probable que el exgobernador de Massachusetts asumirá su responsabilidad y dejará paso a un nuevo candidato. En su discurso de la noche electoral no hizo ninguna mención expresa al relevo, pero sus lacónicas palabras dejan entrever una despedida: “Me hubiera gustado haber sido capaz de poder colmar vuestras esperanzas de poder liderar el país en otra dirección. Pero el país ha elegido otro líder”.

Los extremistas del partido

A la mañana siguiente de la derrota, los republicanos seguían buscando causas a su derrota. Algunos estrategas del partido, como Steve Schmidt, apuntaban como responsables a los sectores más extremistas de dentro del partido y de su entorno, y que la nueva dirección debería atar en corto para la presente legislatura.
Algunos, por alusiones o no, respondieron pronto. Donald Trump dio por finiquitado a Romney. En su activa cuenta de Twitter (donde instó a armar una “revolución” contra Obama), el magnate afirmaba que “estas eran las elecciones para que ganaran los republicanos. @MittRomney es un buen hombre, pero nunca conectó con la gente”.
Otros como el locutor Rush Limbaugh, al que Schmidt aludió de forma velada, insistían en su programa que el conservadurismo que él representa “no perdió” en las urnas. Limbaugh volvía a atizar a los denominados rino (republicanos de solo nombre; republican in name only en inglés), y defendía justo lo contrario a la mayoría de analistas, que el partido no necesita acercarse a las minorías de hispanos y negros, porque “ya tenemos dentro del partido un montón de minorías que se encuentran en posiciones prominentes”.
Otros detractores del exgobernador de Massachusetts lo acusaron de ser una “veleta” que cambia de postura por conveniencia. De preconizar una agresiva política contra la inmigración en la que llegó a hablar de ‘autodeportación’, Romney pasó a hablar de la posibilidad de que los hijos de indocumentados pudieran llegar a obtener la residencia permanente. Cuestionó la retirada de las tropas de Afganistán y luego reconoció que mantendría el calendario. Sus bandazos en materia de sanidad, impuestos y política exterior le han procuraron un perfil poco nítido.

Paul Ryan, una pieza clave

Su última oportunidad fue aliarse con el Tea Party. Sin embargo, este movimiento de patriotas que consiguió energizar la base del Partido Republicano ha terminado por convertirse en el gran lastre del candidato republicano durante la campaña. Ganarse el favor de los ultraconservadores le ha costado perder al sector moderado. Romney se mantuvo de su lado a pesar de que, en el esquema de las preferencias nacionales, este movimiento tiene un peso cada vez más irrelevante. Según el último sondeo de The Washington Post, aunque 41% comulga con propuestas del Tea Party como la baja de impuestos y una menor intervención gubernamental en la economía, no lo respaldan por completo. Al menos la mitad de los encuestados reconocieron que el extremismo de los conservadores les aleja de su causa.

Eso no impidió que, a tres meses de las elecciones presidenciales, Romney designara a uno de los favoritos del movimiento conservador como candidato a la vicepresidencia. Paul Ryan fue presentado en un mitin en Virginia como “el próximo presidente”, en un lapsus del candidato republicano. El fallo ha terminado por convertirse en una anécdota reveladora a tenor de lo sucedido en los últimos comicios. La derrota en las urnas podría ser la justificación de los más extremistas para alcanzar todavía mayor protagonismo en la dirección del partido.
“Con Ryan está claro que finalmente tenemos una alternativa, no un eco”, se ha posicionado Arthur Brooks, presidente del think tank American Enterprise Institute y próximo al congresista, en declaraciones a La Vanguardia. Brooks aludía a A choice, not an echo, un libro de la activista Phyllis Schlafly que revolucionó la derecha en los sesenta y marcó el alejamiento de las bases de unos dirigentes considerados demasiado moderados y elitistas.
Ryan cuenta con la desventaja de que su única experiencia política es como congresista en la Cámara de Representantes. Dentro de las filas republicanas no hay que perder de vista a la ex secretaria de Estado con W. Bush, Condoleezza Rice. Es cierto que está apartada de la vida política activa (en 2009 regrestó a la Universidad de Standford), pero su aparición estelar el pasado verano en la Convención Republicana de Tampa desató la euforia entre las bases, como no hicieron ni Romney ni Ryan. Ella podría jugar, además, la baza femenina (siendo la primera candidata a la Casa Blanca) y además, compensar la enorme diferencia que hay con el voto afroamericano.

Si el objetivo es el voto hispano, un posible candidato en las quinielas es Marco Rubio. Fue congresista por Florida y en 2010 se convirtió en el primer senador de origen cubano en la historia. Estuvo en la terna de posibles compañeros de ticket de Romney. Las primeras declaraciones de Rubio tras conocerse la derrota fueron claras: “Debemos trabajar más duramente que nunca para comunicar nuestros desafíos a las comunidades minoritarias e inmigrantes”. Quizá fue su primer mensaje para conquistar la Casa Blanca.

Fuente: http://www.zoomnews.es/mundo/%C2%BFdonde-deja-republicanos-derrota-de-romney

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